El Experimento de Van Helmont para Explicar la Generación Espontánea

ratones que explicaban la generación espontánea a través de un experimento de van helmont
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Van Helmont llevó a cabo uno de los experimentos más atípicos para explicar la generación espontánea, teoría que el científico belga defendía para explicar el origen de la vida. Esta hipótesis, de origen mesopotámico y egipcio, se basaba en que la vida se producía a partir de materia inerte.

Uno de los pioneros en este campo con autoridad fue Aristóteles, el cuál aseguraba que de la humedad, el sudor o el rocío surgían distintos peces e insectos. El filósofo fue motivo de inspiración de Van Helmont, tomando su conjetura e intentando desarrollarla a partir de experimentos.

El experimento de Van Helmont con ratones

El ya citado Aristóteles aseguraba que la materia inerte también tenía su importancia dentro de la naturaleza, dentro de ese conjunto organizado de elementos donde cada uno tenía como objetivo la supervivencia y propagación del conjunto del sistema. Es decir, entendía que la materia viviente también dependía de la inerte para el proceso de la vida.

Uno de los ejemplos que el filósofo puso en pie para defender la teoría de la generación espontánea era asegurando que los ratones surgían de depósitos de grano.

Siglos después, con esta teoría todavía como referente para la ciencia, el alquimista Jan Baptista van Helmont (1580 – 1644) tomaba partido en esta hipótesis y llevó a cabo un experimento también vinculado con estos roedores.

Consistía en meter dentro de un recipiente o tonel ropa interior sudada y algo de trigo. Se dejaba todo junto durante 21 días, produciendo una fermentación que convertía el trigo en ratones.

Este ensayo científico lo recogió en su obra Ortus Medicinae (1667). En él añadía otras curiosidades como que estos ratones nacían ya siendo adultos, sin distinción de sexo y libre de cualquier deformidad o enfermedad.

Hoy en día es lógico pensar que, debido al poco control de las pruebas y la inexistencia de un método científico, este experimento no tendría validez ninguna y que lo más probable es que esos ratones no nacieran del recipiente, sino que llegasen a él atraídos por el olor.

Sin embargo, Van Helmont falleció con su reputación intacta y dando más solidez a la teoría de la generación espontánea.

Simpatizantes y detractores de la generación espontánea

Esta teoría ha sido una de las más aceptadas y que más tiempo se ha mantenido como la más acertada por la comunidad científica. 

Sin embargo, como cualquier concepto, idea, teoría o hipótesis, nos encontramos con una serie de simpatizantes y críticos que aplican sus conocimientos para valorar que tan cierto es.

Junto a van Helmont o Aristóteles, podemos destacar la figura de William Harvey (1578 – 1657).  Aunque es más conocido por ser la primera persona en describir de manera correcta la circulación y las propiedades de la sangre, también tuvo su repercusión a la hora de valorar cual fue el origen de la vida.  El fisiólogo británico, estudioso de los ciervos, aseguraba que la vida animal comenzaba a partir de un huevo. 

Posteriormente, John Needham (1713 – 1781) llenó un recipiente lleno de carne muerta y algunas plantas y selló el frasco con cera. A continuación lo hervía con el fin de demostrar que, a pesar de la ebullición, al abrir el recipiente salía vida de dentro. El científico pensaba que de esa carne muerta aparecía vida, siendo una demostración de la teoría de la generación espontánea.

El experimento tenía una falla que Needham no descubrió. La cera no servía como un sellado infranqueable para muestras vivientes, por lo que era posible que se colaran dentro del frasco en cualquier momento. 

Needham tuvo respuesta crítica por parte de Lazzaro Spallanzani (1729 – 1799), naturalista italiano obsesionado con la generación espontánea y el origen de la vida. Para demostrar el error que cometía su homólogo británico, Spallanzani volvió a repetir el experimento, pero esta vez aumentando el calentamiento del recipiento y fortaleciendo la técnica de sellado. Con ello pudo demostrar que era imposible que surgieran microorganismos del frasco.

El camino para que Spallanzani llegara a esta conclusión se debió en parte a la obra de Francisco Redi (1626 – 1697), uno de los exponentes en poner en duda la aceptada generación espontánea. 

En la época de Redi se creía que de la carne de animal muerta surgían gusanos. Para demostrar el error, tal y como se recoge en la obra Experimentos acerca de la generación de los insectos (1684),  Redi tomó tres botes que llenó de carne muerta. 

Uno de ellos lo dejó abierto, otro lo cubrió con un trozo de tela bien cerrada y el tercero lo tapó con un corcho. Tan solo en el primero frasco crecieron larvas. 

Fuentes

  • Insetti delle galle. Extraído de francescoredi.it
  • Teoría de la generación espontánea. Extraído de tuhistory.com
  • William Harvey. Extraído de wikipedia.org
  • Generación espontánea. Extraído de wikipedia.org

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